Buscando en cada alma voy a mi príncipe anhelado, por mas que busco, no le hallo.
Hoy le pregunté Dios por él y él me ha contestado, ¡es aquel¡
¿que con sus manos acaricia al desamparado?
¿que con su comida sacia el estómago y espíritu del necesitado?
¿que con sus dulces palabras los oidos son limpiados?
Asimismo hija te pregunto, ¡es quel¡
¿que con sus bríos da fuerza a tus brazos en tiempos de cansancio?
¿que con miseriordia se ha apadiado de tu alma?
¿que por proteger tu corazón del mal no descansa?
¿que despeja tu camino con su aguda espada?
¿que te envuelve cada día en su gallarda capa?
Sí, padre mío, ése es mi príncipe, ¿dónde lo hallo?
No lo busques más, ya lo has encontrado es mi hijo Jesús, que jamás se apartará de tu lado.
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