Soy rancaguina, pero por motivos laborales, debí trasladarme 4 meses a Pirque.
Pirque es sólo Pirque, un mundo aparte, aún cuando lo escucho nombrar parece que cada célula de mi piel despertara. Si uno quiere saber de éste pueblo no vasta con leer de él, cualquier cosa que pudiera contarte, se queda corta. A él y a su gente impregnada todavía de la serenidad, ingenuidad y bondad que sólo una tierra alejada de la ´´civilización santiagueña``, puede dar.
Pirque no es una idea, es un concepto y mas que concepto es magia, que te atrapa y se hace vivo en tus entrañas y sólo cuando te alejas de él, caes en la cuenta que sigue viviendo dentro tuyo porque en el fondo lo único que anhelas es seguir siendo parte de él.
Amanece en Pirque, cada gota de rocío de una hoja, le comunica la noticia a otra gota de rocío de otra hoja, así entre muchas le informan al suelo, rompiendo su frialdad de escarcha, el cual les responde con un grito exasperado de vapor, siendo al momento descubiertas por un antojadizo rayo de sol.
Los primeros pájaros sacuden y estiran sus alas replegadas durante el descanso nocturno, pegan vuelos, que mas parecen saltitos de niños juguetones, se bañan en pequeños charcos de tierra y de agua.
Amanece en Pirque, el primer gallo canta, luciéndo orgulloso, no le teme a nada, ¡despierta, la vida, es imposible quedarse impávida¡.
Pirque con sus calles empedradas, con sus caballos; de noche el pueblo mas oscuro, pero, brilla, sin alumbrado; con su tradición vitivinícola, sus alamedas de árboles, sus leyendas y sus casas.
Cuando se es forastero da la impresión que este pueblo se hubiera detenido en el tiempo, en la época de la colonia. Incluso una vez me contaron una historia, me dijeron que detrás de un bosque de eucaliptus, aledaño a la viña, cerca del camino, salía una carroza, tirada por caballos negros (de ninguna manera buena). Desafiando todos mis miedos y guiada por la curiosidad, muchas veces fui a esperar la micro (para irme a la casa que arrendaba); pero, mas que a la micro, iba a esperar la carroza y mientras mas me temblaban las piernas (cuando era de noche y estaba allí sola), mas me apasionaba la idea de ver algo así, de otra dimensión, porque así comprobaría mi teoría de que éste era un pueblo mágico y detenido en el tiempo. ¡Pero¡, para mi desgracia o para mi fortuna, en el transcurso en que esperé micro nunca vi nada.
De lo que no me cabe ninguna duda es que este pueblo tiene vida. Recuerdo una mañana de Otoño, a mediados de Mayo, tipo 6 de la mañana cuando aún la acuarela está pintada de azul oscuro, morado, violeta; haber estado parada a los pies del lavaplatos de la cocina, tomando un vaso de agua, cuando ingenuamente se me ocurrió mirar hacia afuera por la ventana partida en 4 que está arriba del lavaplatos y vi como ése sauce (del frente de la casa) que tanta vida y alegría entregaba de día, comenzó a desdibujarse, dándole paso a la bruma por entremedio de sus ramas. Me detuve en una de sus ramas, en particular, la que dejó pasar ésa bruma y detrás de ésta ví la acuarela pintada de rojo ensangrentado. Habría estado en ésa imagen suspendida, no sé cuanto rato, pero reaccioné de un escalofrío, que no sé si era por lo que veía o por el hielo del agua congelada en mi estómago. Pero ahora el amistoso sauce, me pareció como en primer plano, tanto que llegué a pensar que sus ramas crecerían hasta mi ventana, sin pensarlo 2 veces, caminé a prisa y sin mirar lo que dejaba, me encerré en mi pieza hasta que aclarara, en la cama y bien tapada...................
Pasó tiempo, he vuelto a Pirque........ las agujas del frío penetran mi cara, pero voy inhalando en mis pulmones el aire de éste pueblo que me cobija. Entonces, me pregunto si ésto no será a caso la felicidad, y me respondo que sí, porque estoy viva y lo voy sintiendo todo y porque otra vez Dios me ha permitido estar aquí¡¡¡
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